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sábado, 28 de septiembre de 2013

LA CARICIA PERDIDA Y LA VENUS VERTICORDIA

Venus Verticordia, Dante Gabriel Rossetti, 1864



Se me va de los dedos la caricia sin causa, 
se me va de los dedos... En el viento, al pasar, 
la caricia que vaga sin destino ni objeto, 
la caricia perdida ¿quién la recogerá?

Pude amar esta noche con piedad infinita, 
pude amar al primero que acertara a llegar. 
Nadie llega. Están solos los floridos senderos. 
La caricia perdida, rodará... rodará...

Si en los ojos te besan esta noche, viajero, 
si estremece las ramas un dulce suspirar, 
si te oprime los dedos una mano pequeña 
que te toma y te deja, que te logra y se va.

Si no ves esa mano, ni esa boca que besa, 
si es el aire quien teje la ilusión de besar, 
oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos, 
en el viento fundida, ¿me reconocerás?


Alfonsina Storni


*.- Una conjunción entre pintor y poeta que me ha gustado mucho, Rossetti era un prerrafaelista que le gustaba crear imágenes llenas de luz y de color, utilizando casi siempre temas mitológicos, en este caso pintó una Venus, lo que no se sabe es si la quería pintar viva o muerta, porque observamos flores marchitas. La Venus Verticordia es una turbadora diosa del amor que según la mitología griega, era hija de Zeus y nació de la espuma del mar al cortarle Cronos los genitales a Zeus. Y después tenemos a la gran Storni, mujer sensible, melancólica, que no encontró justificación a su vida, que canta el dolor como si fuera otra parte de su cuerpo, o de su alma, con ahínco y desgarro. Y que se suicidó, al final, llena de tristeza e incomprensión hacia el mundo. Tanto amor que dar y poco, muy poco, que recibir. 

SAL DE SU TRAMPA

"No sois vuestro trabajo, no sois vuestra cuenta corriente, no sois el coche que tenéis, no sois el contenido de vuestra cartera, no sois vuestros pantalones. Sois la mierda cantante y danzante del mundo.

Prestad atención gusanos. No sois especiales, No sois un copo de nieve único y hermoso, sois de la misma materia orgánica en descomposición que todo lo demás. Somos la mierda cantante y danzante del mundo. Todos formamos parte del mismo montón de estiércol."
(Tyler Durden, El club de la lucha)







"Siempre, unas cosas se apresuran a ser y las otras a dejar de ser; y aún de lo que alcanza a ser, una parte está ya extinguida; desapariciones y transformaciones renuevan el mundo sin cesar, como la incesante huida del tiempo renueva continuamente la duración infinita. En medio de este torrente, donde todo pasa fugaz y en el cual es imposible detenerse, ¿podría dar alguien quizá la menor importancia a cualquier cosa?" 
"La naturaleza universal emplea la materia común de todas las cosas como si fuese cera. Hace un momento ha modelado el cuerpo de un caballo, luego, ha destruido su labor mezclándola a otros elementos para hacer un árbol, después ha obrado del mismo modo para hacer un hombre u otro cualquiera, y cada uno de estos seres sólo ha subsistido un instante."
(Marco Aurelio, Meditaciones) 

"En este estadio de nuestra evolución es muy importante que los seres humanos nos calmemos, que reduzcamos la intensidad de nuestra ansiedad y aprendamos a tomarnos las cosas con más calma. Que comamos menos, no le demos tantas vueltas, y nos preocupemos menos de estar aquí".
"Así que la cuestión es: no necesitamos sobrevivir. ¡Metámonoslo en la cabeza! En realidad no tenemos que seguir luchando para vivir, porque la nada de la muerte, al ser el opuesto de la vida, simplemente la genera."
(Alan Watts, Salir de la trampa)


Llevas años buscando la causa de tu dolor, el verdadero origen del sufrimiento que padeces, y finalmente empiezas a entender, por fin has comprendido que el culpable no es sino la errónea y falsa percepción que tienes de ti mismo.

Desde que eras un niño te han hecho creer, por todos los medios posibles, que eras alguien especial, alguien destinado a grandes logros, a grandes empresas, y tú, desgraciadamente, picaste el anzuelo, caíste en las mayas de su red.

Tu insufrible dolor, tu angustioso sufrimiento, proviene del falso y engañoso concepto que te han hecho forjarte de ti mismo, y ahora, como otro Sísifo, cargas con esa absurda y pesada responsabilidad. Renuncia a él y serás libre, despréndete de todos los ropajes con los que han tratado y has tratado (y continuamente siguen y sigues tratando) de definirte, desde que naciste hasta el momento presente, suelta esa estúpida roca que, una y otra vez, te empeñas en vano en subir a lo alto de la montaña. 

Tú, ni muchos menos, eres eso que crees ser, sino algo completamente diferente, imposible de ser definido, imposible de ser medido, ilimitado; sin embargo, mientras tu incapacidad para comprender te lleve a agarrarte a tales definiciones, a sus irreales unidades de medida, a cargar con ese absurdo yugo, seguirás sufriendo.

La solución está muy clara, aunque es comprensible que te cueste tanto verla, pues son muchos los años que llevas recibiendo y aceptando como válidos los mensajes (verbales y no verbales) que te han llevado a creerte lo que no eres: el personaje que llevas interpretando casi toda tu vida.

Reconócelo de una vez, tú no eres ese que te han hecho creer que eres, él es tan sólo la causa de tu continuo sufrimiento, de tu incesante dolor, de tu perenne esclavitud. Olvídate de una vez por todas de él, renuncia a ese Yo que tanto ellos como tú lleváis tanto tiempo reinventando, y por fin podrás empezar verdaderamente a vivir, a fluir a través de la corriente del presente eterno.






(Sacado del blog El Poder de Eros y Psique, maravilloso y comprometido blog, "Una apuesta por la vida, una propuesta contra la represión"

http://elpoderdeerosypsique.blogspot.com.es/2013_04_01_archive.html

viernes, 27 de septiembre de 2013

DE LA LIBERTAD, LAS PLAZAS Y LOS PAÑUELOS - PURA MARÍA GARCÍA

El capitalismo ha modelado la ciudad para que sea reflejo de su alma sin alma: donde el aroma del dinero esparce partículas para atraer a los manipulados y hacerles beber en fuentes sin agua 
La ciudad reniega de los débiles y les expulsa a sus suburbios tintados con el hambre y la soledad

Porque haría falta que las plazas pronunciaran nuestros nombres;  que se llenaran, de nuevo, de claveles y sueños; que, circulares, fueran ellas las que nos habitaran y nos dieran su enérgica voz, nuestro levantamiento; que silabearan, con nosotros, la palabra REVOLUCIÓN, caligrafiada con la mano empuñando gatillos y poemas. Porque haría falta que las plazas se llamaran, todas ellas, Plaza de la Libertad y se llenaran de un nosotros que no sintiera MIEDO.
A las plazas en las que ha latido el levantamiento, el negarnos a la humillación del estado, el levantar el puño y la voz, el no esquivarnos la mirada: la Praça do Comércio; la Plaza de Mayo; la Plaza de la Revolución de la Habana; la plaza Al-Tarir;  la Plaza de Sol; la plazaTaksim
Es mucho el tiempo en el que la ciudad vive, sobrevive, con un corazón artificial que a medias late. Sin convicción, dejándose arrastrar sobre sus venas sin sangre, pequeñas calles, avenidas y cuadrículas de acero. A la ciudad le han robado, poco a poco, la esperanza. Le han expropiado su faz de espacio público. Ya no es más ese espacio en el que nosotros, sus pobladores, nos representábamos; nos hacíamos visibles; aceptábamos el encuentro, el cruce de miradas y de voces; levantábamos, con materia invisible, un lugar común en torno  a un yo que mantenía la dualidad vital del ser individuo y el ser plural. Tres grandes bocas han pugnado, cómplices monstruosas, por morder el perímetro intangible de la ciudad que nos contiene, y antaño nos brindaba la clarouscuridad de sus esquinas, las puertas de sus parques, las alfombras de hojarasca detenida y vencida, sobre el suelo de tierra. Esas bocas son desdentadas armas que socavan la libertad y nos anulan la consciencia: la boca restrictiva y ambiciosa de la privatización;  los ojos desconfiados y perversos de la globalización y las manos alargadas y nocivas de los procesos de control social que brotan de la maquiavélica cabeza del capitalismo.
Nos han robado la ciudad, su función como ágora compartida, donde dejar los pasos sobre los que otros dieron, para crecer en un camino que jamás se definía.  Nos han desangrado las avenidas y los rincones donde unos y otros éramos unos, sin más. Ha sido lentamente.
El capitalismo y sus dedos sibilinos ha modelado la ciudad para que sea un reflejo de su alma sin alma: un epicentro donde el aroma adictivo del dinero esparce sus partículas para atraer a los manipulados y hacerles beber en fuentes sin agua, tendidas las trampas de la necesidad y el consumo de falacias para aproximarles al hábito de soñar, no con los sueños propios, sino con los sueños impuestos por el estado. En el centro de la ciudad, el estado capitalista, el padre corrupto que nutrirá a sus hijos para llevarles, más tarde o más temprano, al precipicio de la nada, ha ido creando celdillas que encierran la miel de la ambición, forman un panal de falso brillo, un esperpento disfrazado de metáfora y promesa que se dicta en la lengua podrida del capitalismo.
Más allá de su centro, la ciudad se desdibuja, se empequeñece, decrece en su silueta, adelgaza su luminosidad y se oscurece para acoger, sin ningún tipo de ternura, a los despojados de la libertad, a los carcomidos por la pobreza y la desesperanza.
La ciudad reniega de los débiles, de los que por no tener no tienen más que un nombre, y les expulsa a sus suburbios tintados con el hambre y la soledad. Las calles de las orillas de la ciudad se llenan de bocas hambrientas y vientres que no cesan de engendrar; pies que caminan en círculos concéntricos; ojos cubiertos de lágrimas; manos ribeteadas por cicatrices y marcas de los surcos del vacío y las incógnitas; corros de niños que no lloran ni sonríen, que únicamente intentan  aprender a esperar, que se encomiendan a la rabia y a la ira que mana de las calles sin calles que divisan.
Las noches, en el suburbio creciente de la ciudad, son más largas. Las aceras son espejismos crueles que desvelan su verdad cuando el borracho camina en su eterno zig-zag: adoquines de cartón, camas de papel, almohadas de aire y una botella llena de posos, sin color, que se acerca a unos labios que no recuerdan más sabor que el sabor de la amargura contenida. La ciudad que ha modelado el estado prometedor de un bienestar que se amaga tras un espejismo gigantesco, se ha convertido en un espejo partido en dos.
Nos han robado los encuentros, la oportunidad de hablar un idioma común, de ser voz a uno, de mirar a través de unos ojos distintos. Nos han robado las plazas, las esquinas, porque es peligroso que nos hallemos en ellas y expresemos con palabras las lesiones que el estado nos deja en el pensamiento y en el alma, su tortura incesante, sus mentiras y los efectos secundarios que nos minan. No interesa que el pueblo halle de nuevo un paisaje comunitario, un espacio común y colectivo. Es peligroso que existan ventanas en los suburbios desde las que agitar pañuelos en lugar de una bandera podrida. No interesa que los niños trepen por un árbol sin necesidad de rezar a quien les amenaza con una espada invisible y un infierno de fuego y de biblia. No conviene que las mentes se abran a las gargantas y fructifique el coraje de vivir exigiendo hacerlo sin el yugo de los himnos.
Nos han robado las plazas. Queda lejos el tiempo en que solo los mayores ocupaban su circular territorio, inquilinos temporales de bancos de madera. Lejos también quedan las horas en que riadas de niños y niñas hormigueaban por el césped y jugaban a perseguirse y asustarse, pasar miedo, pero sólo de mentiras. Hoy las plazas son cárceles de aire enrarecido que aprisionan a hombres y mujeres con escasas ilusiones, sin trabajo; con la mirada turbia por la falta de sueño, de los sueños; con la juventud atada a sus espaldas y unas manos que con dolor se resignan, cada día un poco más, a estar vacías. No son plazas de viejos y de niños. Son plazas de árboles resecos y oxidados columpios que no oscilan. Han huido de ellas  las palomas, hambrientas también, cansadas de no hallar en el suelo las semillas. Se arremolinan corros de madres y padres que hablan lenguas diferentes, con acentos solitarios y enérgicos, que van perdiendo la fuerza a golpe de los días inútiles y absurdos, que se hacen entender con la lengua común de la incertidumbre y ese miedo que invade las bocas cercenadas de los sometidos, los despojados, los exiliados, a la fuerza, de la vida.
Las plazas de las ciudades ya no tienen nombres ampulosos seguidos de números romanos. Se llaman plazas para pobres, de los pobres. Son los únicos lugares que nos quedan, la única realidad de la que no pueden, por ahora, desahuciarnos.
En mi ciudad, las plazas están ocupadas por fantasmas que esperan la llamada de una voz que les comunique que la suerte les regala un día de cortar  naranja, bajo el calor que el sol sin remisión tiene previsto o entre el gélido frio de un invierno que será, como el presente, demasiado largo, precedente de un futuro inexistente, de efímeros minutos. Fantasmas que no hace mucho tuvieron un trabajo, una mesa con platos, con comida, una casa y hasta un sueño que creyeron era suyo, que no sospecharon que era el anzuelo para ser aprisionados por el estado que ahora les abandona, sin destino.
Víctor Jara. Canción de cuna para un niño vago
La luna en el agua

va por la ciudad.
Bajo el puente un niño
sueña con volar.

La ciudad lo encierra

jaula de metal,
el niño envejece
sin saber jugar.

Cuántos como tu vagarán,

el dinero es todo para amar,
amargos los días,
si no hay.

Duérmete mi niño,

nadie va a gritar,
la vida es tan dura
debes descansar.

Otros cuatro niños

te van a abrigar,
la luna en el agua
va por la ciudad.

PURA MARÍA GARCÍA
Siempre Pura, libre, luchadora, compasiva y del lado de los que sufren, su voz es imprescindible, su grito de libertad me sacude el alma y me conmueve, me levanta y me renueva en la lucha. Mis besos para una guerrera deliciosa.
También lo leí en Asturbulla, en donde Pura colabora (como en otros muchos)

lunes, 23 de septiembre de 2013

VICENTE ALEIXANDRE ESCRIBE SU ENCUENTRO CON LUIS CERNUDA EL DÍA QUE SE PROCLAMA LA II REPÚBLICA

LUIS CERNUDA, EN LA CIUDAD. Por Vicente Aleixandre (*)

Una muchedumbre festeja en la plaza de Cibeles, de Madrid, la proclamación de la República, tras saberse los resultados de las elecciones municipales celebradas el día 12, mayoritariamente favorables a los republicanos

No he conocido a Luis Cernuda en su primerísima juventud. Alguna vez me lo he imaginado, en su tierra sevillana, paseando por aquellas calles estrechas, justo como el mismo aire de su libro inicial. Luis tenía veintiséis años cuando le vi por primera vez: en otro sitio lo he contado. Mas en alguna ocasión, en Sevilla, he pensado que me hubiera gustado pasear con él y sorprenderle acorde con su ciudad. En Madrid, Luis Cernuda era sevillano. Lo decía su acento, quizá esa implícita sabiduría con que, joven, pasaba junto a las cosas, sin adhesión exterior, pero con aprecio que era conocimiento, creciente ante lo natural, levemente desdeñoso, ignorador, ante el múltiple artificio o la convención.

Recuerdo haberle visto gustoso en un movimiento humano exaltado: masa madrileña, la ciudad hervidora en un trance decisivo para el destino nacional. Era un día de abril y las gentes corrían, con banderas alegres, por improvisadas. Enormes letreros frescos, cándidos, con toda la seducción de lo vivo espontáneo, ondeaban en el aire de Madrid. Mujeres, jóvenes, hombres maduros, muchachos, niños. En los coches abiertos iban las risas. Cruzaban camiones llevando racimos de gentes, mejor habría que decir de alegría, gritos, exclamaciones. Pocas veces he visto a la ciudad tan hermanada, tan unificada: la ciudad era una voz, una circulación y, afluyendo toda la sangre, un corazón mismo palpitador. Por aquella calle de Fuencarral, estrecha como una arteria, bajaba el curso caliente, e íbamos Luis y yo rumbo a la Puerta del Sol, de donde partía la sístole y diástole de aquel día multiplicador. Luis, con su traje bien hecho, su sombrero, su corbata precisa, todo aquel cuidado sobre el que no había que engañarse, y rodeándonos, la ciudad exclamada, la ciudad agolpada y abierta, exhalada, prorrumpida habría que decir, como un brote de sangre que no agota ni se agora, pero que se irguiese. La alegría de la ciudad es más que la de cada uno de los cuerpos que la levantan, y parece alzarse sobre la vida de todos, con todos, como prometiéndoles, y cumpliéndoles, más duración. Así, cuando unas gargantas enronquecían, otras frescas surgían, y era un techo, mejor un cielo de griterío, de júbilo popular en que la ciudad cobraba conciencia de su existencia, en verdad de su mismo poder. Ella se sentía voz e hito, como un ademán que se desplegase en la historia.

Luis marchaba sin impaciencia. Todo había sido repentino. El encrespamiento de la ciudad, en la alegría resolutoria, la marcha o el hervor común, el regocijo sin daño, la punta de sol dando sobre las frentes: todo, una esperanza descorredora y, en el fondo, el ámbito nacional. Pero Madrid es chiquito y cada hombre un Madrid como un pecho con su porción de corazón compartido. Luis y yo habíamos marchado como un día cualquiera, porque aún no se esperaba del todo aquello, ignorado de cada cual. Recuerdo aquel movimiento súbito por aquella calle, como por tantas calles que no se veían. ¿De qué hablaba Luis Cernuda? En aquel instante, quién sabe; quizá de un tema literario. Cada uno de los transeúntes se hizo de pronto espuma del curso atropellador: curso mismo o su parte y él su coronante expresión. Luis y yo, flotadores, remejidos, urgidos, batidos y batidores, aguas hondas y salpicadas crestas, todo a instantes y todo en la comunión. Bajaba el río por la calle de Fuencarral y desembocaba en la Red de San Luis. Por la Gran Vía descendía otra masa humana, no apretada propiamente, sino suelta y fresca, con sus banderas y sus cantos, sus chistes públicos, sus risas primeras, una multitud niña, lavada, con lienzos blancos levantados a los rayos del sol. Y en medio los grandes camiones como pesados elefantes que llevasen gentes iguales, reidoras, bailadoras, saludadoras con los ojos, con las manos, con las miradas salutíferas que eran propiamente una invitación a vivir. Porque era vida, vida del todo la ciudad, con los ojos puestos en su mismo esperanzado crecimiento natural.

Luis Cernuda y yo, inmersos, no disueltos, bajábamos casi a oleadas, arriba, abajo, tan pronto claros, tan pronto hondos, sostenidos o sostenedores, hacia la desembocadura o hacia la reunión, si la había, de las aguas, final. Un instante, en atención a él, al ser pasados en el movimiento de las aguas de la calzada a la acera, le dije: «¿Quieres que nos vayamos por esta bocacalle ahora, al pasar? Se puede» «No», oí su respuesta. «No», dijo sonriendo;  «no», asintiendo, casi diría extendiendo sus brazos en el movimiento natural. Un momento le miré como nadador. Pero en seguida pensé; no, agua mejor, curso mejor. Y le vi a gusto. Sonrió y se dejó llevar.


Vicente Aleixandre y Luis Cernuda en Madrid
________
(*) Escrito en 1962. Incluido en el libro «Los encuentros», edición aumentada y definitiva. Colecciones Austral, de Espasa-Calpe. 1985.





domingo, 22 de septiembre de 2013

CARTA DE GUSTAVE FLAUBERT A LOUISE COLET - FRAGMENTO



Agosto 15 de 1846
Te cubriré con amor la próxima vez que te vea, con caricias, con éxtasis. Deseo atiborrarte con todas las alegrías de la carne, de modo que te desmayes y mueras. Quiero que seas sorprendida por mí, y para que te confieses a ti misma que nunca siquiera habías soñado con tales transportes... Cuando seas vieja, quisiera recordaras estas pocas horas, yo quisiera que tus huesos secos temblaran con alegría cuando pienses en ellas.
Gustave


(Fragmento de Carta a Louise Colet, Gustave Flaubert)

(Pintura de Paul Sieffert, 1907)


viernes, 20 de septiembre de 2013

MASA - CÉSAR VALLEJO

La ciudad dormida. Paul Delvaux

Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: "¡No mueras, te amo tanto!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Se le acercaron dos y repitiéronle:
"¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando "¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: "¡Quédate hermano!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Entonces todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar...


César Vallejo


PALABRAS NECESARIAS Y AGOTADORAS

Richard Burlet

Llueve mucho para unos cuántos
(unos cuántos?)
miles de miles, millones de millones, mejor dicho
que yo ya no los cuento, no alcanzo  ni puedo
Ellos, los que quedaron al otro lado del puente
porque les dijeron que no se puede,
les dijeron que ya no hay esperanzas,
les dijeron que ya no hay motivaciones,
les dijeron que para qué,
les dijeron que el intento es vano,
que el fuego de la muerte les abrasará,
(y no sólo en las guerras declaradas)
les dijeron que hay sólo negatividad,
les dijeron que ya nadie cree en nada ni en nadie,
les dijeron que escucharán sólo blasfemias,
les hablaron de abortos y despedidas,
de claustros internos y externos,
buscando,
y hallando

Y yo que veo cómo inunda esta lluvia espesa, mojándonos cada día y sin hacer nada, me pregunto, me pregunto tanto, y te pregunto hoy: con esos consejos, te atreverías tú a cruzar ese puente?
Darías ese paso aún?
Te cansa hablar de esto?
Te parece reiterativo y agotador,
tanto más aún en la manera de expresarlo hoy?


Olaf Hajek

Mi deseo pobre (o rico, según el punto de vista)
sólo quiere árboles para llevarles frescura,
sombra, cobijo y esperanzas del verde;
libros que nos enseñen a ser mejores personas;
espíritus amplios y no dictadores!
que abran las puertas del conocimiento divino
y la comprensión del mismo;
lluvias sanadoras,
no las que anegan e inundan las poblaciones,
y hacen temblar mi alma
(porque yo estoy en mi hogar protegida y ellos no);
fusiles que disparen amor,
no que disparen a matar a su semejante;
cuerpos, sí, cuerpos que abracen,
que abracen mucho y reiteradamente
manos que se estrechen,
corazones que se unan en afectos verdaderos,
y que sean transportes de ellos
hasta el último día de sus vidas

Si tú me dices que sueño,
que soy ilusa,
que no vale la pena,
que no hay esperanzas,
mejor me quedo al otro lado del puente,
qué te parece
y me ahogo en la lluvia eterna
reiterativa y agotadora
y me quemo en el fuego de la desesperanza,
que sus brasas me atrapen,
que ya no existo más.

 Maritza Álvarez Vargas


miércoles, 18 de septiembre de 2013

SU MÁS GRANDE AMOR

Leonor Fini

Tiene sesenta años. Vive
el amor más grande de su vida.

Camina abrazada con su amor,
el viento le despeina los cabellos.
Su amor le dice:
Tienes el cabello como perlas.

Sus hijos dicen:
Vieja loca.

Anna Swirszczynska

martes, 17 de septiembre de 2013

PROVERBIOS Y CANTARES - ANTONIO MACHADO


Mihály Munkáczy (1844-1900)-víctima de las flores


Bueno es saber que los vasos
nos sirven para beber;
lo malo es que no sabemos
para qué sirve la sed.

¿Dices que nada se pierde?
Si esta copa de cristal
se me rompe, nunca en ella
beberé, nunca jamás.

Dices que nada se pierde,
y acaso dices verdad;
pero todo lo perdemos
y todo nos perderá.

Todo pasa y todo queda;
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.

Morir... ¿Caer como gota
de mar en el mar inmenso?
¿O ser lo que nunca ha sido:
uno, sin sombra y sin sueño,
un solitario que avanza
sin camino y sin espejo? 


Antonio Machado

lunes, 16 de septiembre de 2013

EL DILEMA DEL ERIZO - SCHOPENHAUER - ¿ SE PUEDE ?



En un frío día de invierno, una manada de erizos se juntan para resguardarse de la helada gracias a su propio calor, amontonándose unos encima de otros. Pero sucedió que se pincharon entre ellos y el dolor fue tal que tuvieron que separarse rápidamente, con lo que otra vez sintieron frío. Así que entre el peligro de morir de frío o de hacerlo por el dolor que se infringían mutuamente con sus espinas, acabaron encontrando la distancia correcta, aquella que les permitía no morir de frío y no hacerse demasiado daño, de manera que el frío y el dolor fuese soportable.
El dilema del erizo - Schopenhauer.


Fue un concepto creado por el filósofo alemán Arthur SchopenhauerMás tarde, Sigmund Freud utilizaría esta parábola para explicar el modo en que las personas nos relacionamos afectivamente unos con otros.

En la relación de pareja, al acercarnos al otro, confiando en él y poniendo en sus manos la capacidad de hacernos felices, inevitablemente vamos a sufrir en algun momento. Cuanto mayor sea la intimidad, más probabilidad de sufrimiento.

Y no será siempre por heridas de "verdaderas púas": muchas veces, interpretaremos incorrectamente las razones de las actitudes de los otros, eligiendo habitualmente la explicación menos favorable.

Por eso, tendemos a buscar esa distancia óptima en la que no nos arriesgamos demasiado, pero tampoco podemos ser felices.

Del mismo modo que los erizos, tenemos que elegir: nos mantenemos a una distancia prudencial, manteniendo relaciones superficiales que no nos comprometan demasiado, o nos arriesgamos a una relación íntima, profunda y confiada, en la que podamos sentirnos verdaderamente importantes en el corazón del otro.

Tenemos la capacidad de elegir, disfrutar de una relación cercana donde crecer como personas, admirar a la persona real que se esconde en el otro, ser amados, acariciar, oler, abrazar, decir la verdad, contar con el otro, ser auténticos y no necesitar fingir, … superando unas "pequeñas heridas" que nos harán más fuertes, y que la mitad de las veces no son reales, sino interpretaciones, espejismos.


Chema Madoz


O ¿vamos a dejar de disfrutar de las rosas porque tienen espinas? 



Luis Cernuda se refiere a ella en las palabras iniciales de Donde habite el olvidoYa sabéis, los hombres un día sintieron su frío. Y quisieron compartirlo. Entonces inventaron el amor. El resultado fue, ya lo sabéis, como en los erizos.”


Usted admira a los hermosos, a los normales. Usted quisiera tener el rostro tan equilibrado como esa muchachita que está a su derecha, a pesar de que usted es inteligente, y ella, a juzgar por su risa, irremisiblemente estúpida.
Mario Benedetti. 
En un momento dado de la vida, morimos sin que nos entierren. El mundo está lleno de gente muerta, aunque ella lo ignore.
Johann Wolfgang von Goethe
¿Debería suicidarme o prepararme una taza de café?
Albert Camus 

viernes, 13 de septiembre de 2013

MANSAMENTE, INSOPORTABLEMENTE, ME DUELES

En estos días me he reencontrado con Sabines.
Tantos caminos perpendiculares finalmente se juntan.
Esta vez un poco más adentro, este maestro mexicano explora las formas del amor y cómo se acercan siempre al dolor.



Jane Graverol (1905-1984) 
Me dueles
Mansamente, insoportablemente, me dueles.
Toma mi cabeza, córtame el cuello.
Nada queda de mí después de este amor.


Entre los escombros de mi alma búscame,
escúchame.
En algún sitio mi voz, sobreviviente, llama,
pide tu asombro,
tu iluminado silencio.


Atravesando muros, atmósferas, edades,
tu rostro (tu rostro que parece que fuera cierto)
viene desde la muerte, desde antes
del primer día que despertara al mundo.


Jaime Sabines




jueves, 12 de septiembre de 2013

¿QUIÉN SABE? QUIZÁS - FERNANDO DELGADILLO (2000) - CANCIÓN QUE ME ENCANTA Y ME PERSIGUE [O ME BUSCA]

Carlos Larracilla

¿Quién sabe?
yo no lo sé, y
no lo supiste tú.
nadie le puso un tono
ni un nombre común.

Como fuera, hoy ya no es, y
tú y yo no somos ya.
mas la pregunta quedará
¿será? ¿será?...

Nadie que nos pudo ver
nos enseñó a definir.
ni el oriente,
ni el poniente
lo quisieron decir.

Ni en secreto algún amigo
se apresuró a aventurar,
designios de fortuna
sembrando ese azar.

¿Quién sabe?
No querías tú, y
yo no lo hice nombrar.
¿Acaso fuera amor?
¿Acaso así era amar? amar...
quizás.







Fernando Delgadillo, (campo de sueños)

miércoles, 11 de septiembre de 2013

ES UN SINVIVIR - LUIS EDUARDO AUTE

Entre mis pies y mi garganta no hay nada, sólo un viento del sur desorientado porque ha perdido su olor a mar. 

Para esta vida, pronóstico de lluvia en mis ojos.






Y según pasa el presente 
Y el pasado se hace añejo, 
Se me tuerce algún reflejo 
Por lo que ando mal escorado, 
Para atrás, como el cangrejo, 
Cada día más perplejo 
Por buscar alguna forma
De entender...

Esta trampa, esta broma,
Esta guerra, esta espada,
Esta piedra, este coma,
Esta noche, esta nada,
Este largo sinvivir,
Esta muerte que es vivir
Sin tí ..
Es un sinvivir, la vida sin tí
Es un sinvivir...




Kees van Dongen, ¿Cómo no terminar con mi pintor?


Y porque no estoy de acuerdo
Con la lógica del dato,
Busco los tres pies al gato
Para ver si así consigo,
Invocando a lo insensato,
No caer en desacato
Por buscar alguna forma
De entender...

Y a pesar de quienes dicen
Que, a la luz de la experiencia,
Se ilumina la prudencia
Y se apaga el sentimiento,
Sólo veo que tú ausencia
Me conduce a la demencia
De buscar alguna forma
De entender...

Luis Eduardo Aute


martes, 10 de septiembre de 2013

LUCHAS - CONCEPCIÓN DE ESTEVARENA, POETA ANDALUZA

George Owen

En derredor del sol gira la tierra,
haciéndose, al girar, sombra a sí misma,
y en redor de mis propios sentimientos,
hallando sombra y luz, mi mente gira.
Yo no sé qué pensar; me alejo mucho
y otra vez vuelvo al punto de partida;
la luz de mi esperanza nunca muere,
y a impulsos del dolor siempre vacila.
Para soñar en mundos que no veo
me basta mi incansable fantasía,
y para comprender el que habitamos
no me bastan ni el alma ni la vista.
Sombras que ante la luz se desvanecen,
pasan mis ilusiones más queridas:
rocas fijas en medio de los mares,
duran mis penas grandes e infinitas. 










CONCEPCIÓN DE ESTEVARENA, nació en Sevilla el 10 de enero de 1854 en el nº 21 de la calle Siete Revueltas.





 



Hija de una familia modesta su corta vida (22 años) estuvo marcada por la fatalidad. Huérfana de madre antes de los dos años, y de padre a los 21 años, contrajo la tubérculosis que le llevaría a la tumba. 

Concepción, de salud frágil, se ve atraída por la lectura y empieza a contactar con los círculos literarios de la ciudad, fundamentalmente la casa de José De Velilla y Rodriguez, donde se celebran tertulias literarias. A pesar de su juventud, y en contra de su padre, un hombre mayor y de mentalidad muy tradicional, le prohibía escribir poesía., escribió poemas en la misma línea del romanticismo que desarrolló Gustavo A. Béquer, Rosalía de Castro y Carolina Coronado. Los datos que se conservan de su vida proceden casi en exclusiva del “Prólogo” escrito por su amigo José De Velilla y Rodríguez en la edición póstuma de su obra “Últimas Flores”. 

Ahí, José de Velilla afirma que el padre de Estevarena, le prohibía escribir así pues en su ausencia escribía los poemas en las paredes, los memorizaba y luego los borraba. La tertulia de la familia Velilla, en la calle de Manteros de Sevilla, fue sin duda un espacio de libertad creativa, donde conoció a lo más granado de la joven intelectualidad de la época, entre otros a Luis Montoto. 

La escasez económica en que vivían obligó a Concepción a pedir limosna para enterrar a su padre tras su muerte en 1875 y a perder la casa en la que vivían para saldar las deudas.

Concepción de Estevarena no publicó en vida ningún poemario, aunque se calcula en 100 poemas su producción, dejando tan solo esporádicas colaboraciones en las revistas de la época como por ejemplo en "La Esfera" de Madrid, donde publica "Pasado y Porvenir" (1873), e incluso leyendo en actos públicos algunos de sus poemas. 

Concepción prodigio de adelantamiento y madurez, firma composiciones en Sevilla cuando tiene diecinueve años y en Jaca lo hará en diez de las del libro impreso, desde diciembre de 1875 a mayo de 1876. En su temática está casi ausente, o del todo incomprensible en aquella sensible juventud, el tema amoroso. Y, en cambio, se halla fuertemente presente, explicado por la enfermedad tuberculosa, la idea de la fugacidad vital y de la muerte. 



Fuente:
http://www.poetasandaluces.com/autor.asp?idAutor=80



lunes, 9 de septiembre de 2013

COMO EL AGUA QUE FLUYE

Todo aquello era gris sobre gris, como suele ser la vida cuando se la ve desde fuera, pero nunca cuando es vista desde dentro.
Marguerite Yourcenar, Como el agua que fluye


Como fluye en mi voz cuando habla, que tiembla. En mis ojos. En mis labios. En mi orejas que escuchan calamidades. En mi media sonrisa. En mi cabeza, que fluyen nubes llenas de horrores. En mi pecho, que anidan pájaros revoloteando. En un no sé qué hacer que me taladra. En los poros de todo mi cuerpo que filtran lo mínimo que hago. En un olvidar decirlo. En mi soñar despierta como mínimo una cuarta parte del día. En mi aparente calma. En mi silencio. I.


ESTE PASAR DESPACIO SIN SONIDO (SOLEDAD) - ELLA WHEELER WILCOX

Edvard Munch, 1893


Soledad


Ríe, y el mundo ríe contigo:
Llora, y llorarás solo.
Lo que la triste vieja tierra debe prestar es alegría
pero ella misma tiene suficientes problemas.

Canta, y las colinas te contestarán;
Suspira, y se perderá en el aire.
Los ecos rebotan en un alegre sonido,
pero se encogen sin considerar la voz.

Alégrate, y los hombres te buscarán:
Aflígete, y ellos darán la vuelta y se irán.
Ellos quieren por completo tu placer entero,
pero no necesitan tu infortunio.
Muéstrate feliz y muchos serán tus amigos;
Muéstrate triste y los perderás a todos.
No hay nadie que decline tu néctar de vino,
pero debes beber la hiel de la vida en soledad.

Festeja, y tus salones estarán repletos,
ayuna, y el mundo te ignorará.
Ten éxito y da, y eso te ayuda a vivir,
pero nadie puede ayudarte a morir.
Hay espacio en los salones del placer
para un largo y digno tren,
pero uno por uno todos tenemos que desfilar
por los estrechos pasillos del dolor.







Ella Wheeler Wilcox, fue una poeta y periodista estadounidense. Gran parte de sus trabajos tratan sobre el amor y el sexo, razón por la cual fueron clasificados ocasionalmente como inmorales o pornográficos. La obra más destacada de Ella es "Poemas de Pasión", publicada en 1883 y de la que forma parte "Soledad", su poema más conocido y leído.








*.- Qué mejor pintor que Edvard Munch para expresar la soledad en el ser humano.



domingo, 8 de septiembre de 2013

SER NADIE


Daniel Kozeletckiy

Cuando llegue el momento de ser nadie, la memoria habrá quedado encinta de ideas y preguntas que nunca nacerán. Nadie sabe si seremos ceniza o si nos mezclaremos con las cenizas de otros. M. Benedetti, vivir adrede.



*.- La vaciedad del tiempo, la extrañeza de la figura humana en cualquier rincón del mundo, la impersonalidad de las historias íntimas, el misterio que puede albergar cualquier vida de apariencia banal. Una intuición: la de que la palabra eternidad, el tiempo pensado como un absoluto, es solo un tren de ida con los mismos vagones trastocados. I.


viernes, 6 de septiembre de 2013

EN TU BOCA SUMERJO


Giuseppe Amisani


En tu boca sumerjo
una perla rodeada de peces
que burbujean mi acuario

muerden mi anzuelo
beben el almíbar
de mi otra lengua


bancos de atunes, 
delfines y tiburones existen
para complacerme


mi otra lengua, ella, yo misma
guinda de mi buffet
servido en mantel derramado de miel
mi piel

levántense de la mesa, convidados de asiento reservado
ustedes
ellos

él
vuelvan a ella, vuelvan a mí
convertidos en abejas
 


Rocío Santillana. Nacida en Lima, ha residido la mitad de su vida en Madrid. Guionista y feminista. "Mi otra lengua" es su primer cuaderno de poemas y cuentos. 



IDA VITALE

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